jueves, 7 de julio de 2016

Mauro Libi Crestani: ¿Es usted un jefe o un líder?


Los líderes, a diferencia de los jefes, son agentes propulsores del éxito. Ser jefe va más allá de ser un simple ente generador de órdenes. Es fundamental para las empresas, ser muy cuidadosos a la hora de nombrar a los jefes de las distintas áreas.

Tenga presente que el jefe hace del trabajo una carga, mientras quien es líder lo tiene como un privilegio. El primero tiene la jornada laboral por ingrata y desagradable, algo que es mejor concluir cuanto antes. Por el contrario, el líder ve el trabajo con agrado y lo tiene como un factor de crecimiento y desarrollo.

Quien es líder siente una profunda satisfacción cuando se logran los objetivos y metas.

En tal sentido, se mueve en procura de mejorar las condiciones laborales  para volver el trabajo una tarea agradable de realizar.

Mientras que un jefe sabe hacer el trabajo, el líder enseña cómo hacerlo. El primero no comparte el conocimiento ni su experiencia, en tanto el líder transmite lo que sabe y domina al resto del equipo y propicia a que cada empleado sienta los logros como suyos.

Derivado de lo anterior tenemos que el jefe maneja el personal, mientras que el líder lo prepara. Para uno los trabajadores son simples fichas a las cuales  se les mueve en función de alcanzar un objetivo. El jefe juega para destacar él. 

Un líder nunca manipula a las personas. Busca el bien común y por ello cultiva a los empleados preparándolos y capacitándolos para que hagan las labores y destaquen por sí mismas.

El jefe habla en singular, en tanto el líder lo hace en plural: vayamos, hagamos, realicemos. Y es que el jefe no está identificado con los proyectos y el líder sí, siente empatía con lo que lleva a cabo, con sus tareas. El líder forma parte de un equipo, se integra, siente que el éxito es un bien común, compartido.

El jefe es puntual, llega a tiempo y el líder llega adelantado, es proactivo, no aguarda por los acontecimientos, sino que los provoca.

En manos del líder la gente ordinaria se vuelve extraordinaria, pues trabaja en procura de sacar lo mejor de cada quien, de impulsar y de desarrollar sus potencialidades. 

El jefe trabaja para alcanzar poder y amasarlo, gozarse en él. El jefe quiere ser reconocido, galardonado. 

El líder tiene el trabajo de dirección como una oportunidad que puede generar bienestar para todos.


Y es que el buen líder no se siente mejor que el resto, aunque destaca por sus excelentes capacidades de gobierno.

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