lunes, 18 de julio de 2016

Mauro Libi Crestani: Evite las malas inversiones

Por Mauro Libi Crestani. Aunque es posible que se tengan errores y fracasos, lo ideal es evitarlos y trabajar en pos del éxito. Una manera de hacerlo es tomar en cuenta tres variables fundamentales que conforman lo que sería el triángulo de sustento de todo negocio o emprendimiento: tiempo, conocimiento personal y trabajo.

Sobre estos tres factores las cargas se reparten con igualdad.
El mercado está lleno de posibilidades que sólo esperan que usted escoja la que mejor se adapte a sus aspiraciones y condiciones.

Son muchos los planes de inversión, proyectos de empresas y modelos de negocios que sólo esperan por inversionistas dispuestos a apostar por ellos para rendir ganancias.

Los tres principios antes referidos le ayudarán a la hora de definir su futuro como inversionista.

Veamos:
El tiempo. A la hora de considerar su inversión no acepte presiones derivadas de ofertas engañosas, tales como “si lo hace ahora pasará la oportunidad de hacerlo”, o “el tiempo es ahora o nunca”. 

Esté consciente que el tiempo lo controla usted cuando de su inversión se trata. Exija su tiempo. Usted requiere analizar todas las aristas del negocio, ver cuáles son las utilidades potenciales, la rentabilidad, el retorno, la calidad del producto o servicio, el nicho de mercado, etc. 

Tómese su tiempo.
Toda proyección de utilidades necesita que usted pueda visualizar si efectivamente en el corto plazo las ventas son factibles. 

No se muestre ansioso, esté calmado y pida explicaciones y detalles sobre el negocio. 

Si se trata de una inversión segura, esta no se vendrá al piso por el hecho de que usted quiera un tiempo prudencial para pensar y analizar.

No es cuestión de aguardar por meses o años, pero sí de dejar reposar la idea para estudiar con cabeza fría la inversión.

En segundo lugar tenemos el conocimiento personal: Nadie lo conoce a usted mejor que usted mismo. 

Dentro de los inversionistas está aquel que quiere “bañarse en todos los chorritos”, el que no quiere dejar pasar nada. No hay en ellos demasiado análisis de riesgo ni de situaciones.

Igualmente está el que, por el contrario, no es emocional y se concentra en el estudio de lo que los números indican. 

El prospecto ideal es aquel que ubica en el medio de estos dos extremos. 
Escuche, analice, asesórese. Usted sabe quién es, conoce sus fortalezas y debilidades. 

En tercer lugar, encontramos el trabajo del cual tiene mucha exigencia para ver los réditos. Las ventas no son cosa fácil, requieren dedicación y esfuerzo. 

Hay que diversificar el portafolio de ofertas para lograr consolidar la estructura económica de su negocio.

Sea inteligente, no es cuestión de que se desgaste, sino de que canalice sus esfuerzos mayoritarios a lo que le va a generar mayores ingresos.

Sigueme @maurolibi12

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